No se por qué tengo la maldita manía de aferrarme a cosas perceptiblemente resbaladizas.
Tengo por costumbre asentarme en lugares pantanosos en los que perezco, hundo y ensucio todo lo que tengo.
No se por qué emprendo viajes sin rumbo, para perderme.
No se por qué entre todo esto pongo fe en encontrar algo.
Sobre todo no se hallar razón ninguna para ello.
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