No se por qué tengo la maldita manía de aferrarme a cosas perceptiblemente resbaladizas.
Tengo por costumbre asentarme en lugares pantanosos en los que perezco, hundo y ensucio todo lo que tengo.
No se por qué emprendo viajes sin rumbo, para perderme.
No se por qué entre todo esto pongo fe en encontrar algo.
Sobre todo no se hallar razón ninguna para ello.
miércoles, 30 de enero de 2013
viernes, 4 de enero de 2013
Mi fuga sera la mas apoteósica recompensa.
Noches de interminable insomnio y fatídicos desencantos.
Escucho música que sugiere despedidas, música que eriza cada bello de mi piel.
La noche se presta lenta, quiere dejarme a solas.
La rabia sale despavorida, lleva mucho tiempo escondida, tiene tanto que contar.
Esta noche me siento vagabunda indefensa en tediosa penumbra, incapaz de carear mis antagónicos horizontes.
No ceso de denostar mis infinitas y ya veteranas contradicciones y cada segundo transcurrido, mayor es mi descorazonamiento.
Las alternativas desaparecen como mi ímpetu por preservar algo inapelable.
Abatidos caen uno a uno mis argumentos, tras el alegato de mi corazón, quien pide a gritos mi liberación.
Mi fuga sera la mas apoteósica recompensa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
