Unas veces no encuentras las palabras exactas o el modo de hacerlo, otras en cambio optas por dar el protagonismo al silencio y callar cuanto quisieras decir.
Es difícil saber con exactitud el cuándo, cómo y por qué actuar.
Es casi imposible saber cuándo debes hacer algo porque desconoces casi tanto cómo hacerlo, como la causa de por qué hacerlo.
Pero realmente qué nos lleva a tomar esa actitud de indiferencia o de sumisión ante aquello que nos inquieta por dentro.
No hay mayor fuerza que consiga guiar nuestras acciones que el miedo.
Por miedo nos convertimos en personas desconocidas para nosotros mismos.
Nos pasamos la vida intentando encontrar lo que se supone que nos hace felices a la vista del mundo, olvidando ideas o sueños que algún día nos prometimos hacer realidad.
Y mi pregunta es ¿realmente merece la pena abandonar sueños a la deriva tomando rumbos hacia otros sencillamente por miedo?¿merece la pena renunciar a ti mismo y aquello en lo que un día crecisteis por miedo?
Y por qué seguimos alimentando dicho miedo.
Realmente el problema es la falta de fe en si mismo.
Todos odiamos aquello que nos provoque mal estar bien sea el fracaso o el rechazo de los demás hacia aquello que deseamos.
Pero ¿no debería darnos mas miedo abandonar la esencia de nuestros principios y convertirnos en algo que no somos?
No somos capaces de disfrutar de cada momento que nos otorga la vida sencillamente porque nos limitamos, nos ponemos barreras para evitar ser atacados desde fuera.
No es tan grave el daño que provocamos sobre nosotros mismo por decisión propia que aquel que sufren agentes externos que forman parte en nuestra vida, porque siempre hay segundas personas a las que nuestro miedo les afecta de un modo u otro, y sin darnos cuenta contagiamos de miedo nuestro ambiente.
El caso es sí realmente queremos tomar valor y abandonar al miedo.
Dejemos el disfraz que nos oculta para don Carnal y empecemos a vestir de nosotros mismos.
Pero realmente qué nos lleva a tomar esa actitud de indiferencia o de sumisión ante aquello que nos inquieta por dentro.
No hay mayor fuerza que consiga guiar nuestras acciones que el miedo.
Por miedo nos convertimos en personas desconocidas para nosotros mismos.
Nos pasamos la vida intentando encontrar lo que se supone que nos hace felices a la vista del mundo, olvidando ideas o sueños que algún día nos prometimos hacer realidad.
Y mi pregunta es ¿realmente merece la pena abandonar sueños a la deriva tomando rumbos hacia otros sencillamente por miedo?¿merece la pena renunciar a ti mismo y aquello en lo que un día crecisteis por miedo?
Y por qué seguimos alimentando dicho miedo.
Realmente el problema es la falta de fe en si mismo.
Todos odiamos aquello que nos provoque mal estar bien sea el fracaso o el rechazo de los demás hacia aquello que deseamos.
Pero ¿no debería darnos mas miedo abandonar la esencia de nuestros principios y convertirnos en algo que no somos?
No somos capaces de disfrutar de cada momento que nos otorga la vida sencillamente porque nos limitamos, nos ponemos barreras para evitar ser atacados desde fuera.
No es tan grave el daño que provocamos sobre nosotros mismo por decisión propia que aquel que sufren agentes externos que forman parte en nuestra vida, porque siempre hay segundas personas a las que nuestro miedo les afecta de un modo u otro, y sin darnos cuenta contagiamos de miedo nuestro ambiente.
El caso es sí realmente queremos tomar valor y abandonar al miedo.
Dejemos el disfraz que nos oculta para don Carnal y empecemos a vestir de nosotros mismos.