Un tiempo que no has contado, y no percibiste la velocidad con la que viajaba en tu reloj, en tu vida.
Y un sábado por la tarde te sientas en tu cama con tu ordenador, intentado escribir cuatro cosas que te hagan sentirte bien, buscando secuencias instantáneas en tus recuerdos que te den un empujón para comenzar a ordenarlos.
Entonces te quedas en blanco, sin saber que teclear, que escribir, por dónde comenzar o acabar.
Progresivamente sales de ese trance, de ese oasis.
Y de repente ocurre. ¿Que importancia tiene la cronología en mis recuerdos?
¡Que cojones!, en el fondo me acaba importando tres leches cuando suceden las cosas.
Vuelvo al oasis a recoger pertenencias que despistadamente deje allí.
Bien, ¿entonces qué me importa?
Si, ahí en ese punto exacto lo veo.
Me importa qué viví, y con quién lo viví.
De acuerdo parece una estupidez, y a simple vista parece aun mas caótico, pero ordeno mis palabras y el resultado es ese.
Se que viví y con quién quise vivir cada momento.
Siguiente duda aproximándose a mi turbia mente. Ahora, después de todo, ¿que queda en tí?
Siendo sincera conmigo misma, nada de lo que yo quisiera.
Conclusión: guarda tus recuerdos bajo llave, que nadie te los robe, no enseñes a nadie tu completa esencia, el mundo es destructivo. Elige bien a quien le entregas tu tiempo.
Cáete, hazlo, duele, cáete de nuevo, repitelo en variadas ocasiones, seguirás tropezando, pero no te acomodes nunca al suelo. Caminando llegas antes a buen puerto que arrastrándote por suelo escarpado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario